Title Image

Sobre nosotros

La Senda del Buen Pan

Nuestra Historia

LA SENDA DEL BUEN PAN

La senda del buen pan, elaborado con buenos ingredientes y mucho esmero, guió a la familia Estaun Marco hasta este pueblo del Valle de Urraul Bajo: Artieda.

Corría la recta final de los duros años 40 cuando Ángel y Dolores decidieron comenzar una nueva aventura dejando atrás Sos del Rey Católico donde ya tenían en marcha una panadería, una carnicería y un pequeño rebaño de ovejas.

Rumbo al norte, donde sus tres hijos se harían mayores y desde donde, aún hoy, su hija Ángeles convertida en abuela de las nueva generación, habla de su Sos querido. Pequeñas migraciones que dejan huella en el alma.

Les sedujo la idea de prosperar; en tiempos de posguerra ¿quién podía desperdiciar una ocasión así? Construir su propia casa, tener un moderno obrador y abastecer de pan a los más de 500 alumnos del Colegio que los frailes Agustinos Recoletos tenían en la localidad fue su reto.

Los frailes, quién sabe si más ilusionados que ellos mismos, les facilitaron el terreno donde fue tomando forma su hermosa casa, la tienda-obrador de pan, una pequeña carnicería y los establos para los animales. “La ilusión de mi padre siempre fueron los animales”, recuerda una octogenaria Ángeles aún con harina entre los dedos. Ella y su hermano Jesús se entregaron a la elaboración del pan con la misma ilusión que sus padres, todos a una, todos por todos.

El trabajo se convirtió en rutina y la rutina en prosperidad. Un día a día compuesto de las pequeñas acciones que llevan a un gran resultado: abastecerse de buenos ingredientes –la harina de Hijos de Cecilio Huici en Huarte-Pamplona-, elaborar la masa madre de víspera, dejar reposar entre reposo 16 y 18 horas, amasar, azuzar con buena leña de haya local y al hermoso horno de leña cuya inmensa boca ha visto pasar la vida de padres a hijos y al nieto. Un Estaun más en la cadena del pan de Artieda. Luego a vender y a repartir por los pueblos de Urraul Bajo y parte de Lónguida.

¡Pi, pi, piiiii!! Todos esperando el rico alimento, que tantas penas acompañó en aquellos años.

Las pequeñas anécdotas contadas de generación en generación, siguen manteniendo viva la historia familiar: “Cuando íbamos a construir la casa, un tal Rene Petit que era ingeniero en el embalse de Yesa le ayudó al abuelo a conseguir materiales”. “En posguerra, fíjate…. Muy malos tiempos. Parte de la harina la conseguíamos con cupos de racionamiento posguerra y la Diputación de Navarra solo nos permitía cobrar la elaboración y el horneado”. “Como no había dinero, pues hacíamos trueque. Sobre todo, pan por productos de la matanza del cerdo”. “Teníamos vehículo motorizado para el reparto, eso era un gran adelanto”. Y una de ellas, la que destaca entre todas: “El horno lo construyó una empresa de Sabadell, Balart se llamaba. Vinieron hasta aquí ¡y en 1948! y está tal cual. Funciona de maravilla”.

Los años se van sucediendo, todo prospera y se dejan atrás escaseces y trueques. Nos acercamos a 1986 y vemos afanarse a Jesús y Ángeles, hijos de nuestros emprendedores, siempre observados e imitados por un joven Ángel. Siguen en el obrador y tienen un producto estrella que durará hasta que la barra se imponga en el gusto de la mayoría: la taja de apio. Han pasado de las tajas y cabezones de 2 Kg., más de 1000 Kg. semanales en un quehacer constante de lunes a sábado, además de montones de jugosas magdalenas y olorosas tortas de txantxigorri.

En esta época, un joven Ángel se pone al frente del negocio. Tras finalizar sus estudios en Filosofía Pura, decide heredar la pasión por la sencillez del oficio amado por su familia: será panadero.

Un único afán en todos los años en los que se ha entregado a la elaboración de este alimento:

mantener el buen hacer de la familia con la misma fórmula. Una fórmula desprovista de secretos: la misma masa madre, la misma leña de haya y el mismo imponente horno de fuego directo, que sigue abriendo y cerrando su gran boca negra con el mismo ímpetu que antaño.

Isabel, esposa de Ángel, se suma al equipo y en época vacacional nunca faltan las manos de sus dos hijos. Así, bajo la atenta y exigente mirada de la abuela Ángeles, todo sigue su curso hacia delante: el pan de Artieda se sigue elaborando, las familias de los pueblos lo siguen esperando… la historia continúa.

El mismo obrador, el mismo gran horno, la misma balanza de peso, la misma dedicación de los comienzos. Poco a poco, despacio y traspasando sabiduría paso a paso, los Estaun Marco avalados por el cariño de todo el Valle, entran en una nueva fase donde cederán el testigo a la familia Leatxe Gárriz de Aoiz.

Todo y nada cambia. Así son los cambios, totales y mínimos. Cogemos con gran ilusión y responsabilidad este testigo muy conscientes de la nueva época que se abre en la Panadería de Artieda. Respetuosos con su historia, sintiendo en nuestras manos las manos de los que nos precedieron, de Ángel y Dolores, de sus hijos Jesús y Ángeles, y de su nieto Ángel y esposa Isabel… Todos ellos y ellas emprendedores ilusionados al servicio de las gentes de Urraul Bajo y Lónguida

Os tendremos presentes al elaborar la masa, al hornearla en aquel hermoso horno testigo de la historia y sobre todo, al ofrecerlo a las personas que lo esperan con el gusto que vosotros, los Estaun Marco, habéis sabido imprimirle a vuestro pan de Artieda.

Nadie se irá sin pan, vengan como vengan los tiempos, sea cual fuere su condición o circunstancia. En vuestro honor.

© Copyright 2019 – Pan de Artieda | Política de Privacidad | Aviso Legal

Junna Branding